Los fundamentos doctrinales de las Vanguardias nacionales son: el materialismo histórico de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Rosa Luxemburgo, el marxismo-leninismo en lo organizativo, el materialismo político entendido como superación de los límites nihilistas, gnósticos y teoreticistas del materialismo filosófico lo que también supone la integración dialéctica de su contenido más revolucionario en el materialismo político, el desarrollo de las ciencias realmente existentes (física, química, biología, termodinámica, etc.), además del racionalismo más radical. Somos herederos de los jacobinos franceses y de su idea de Nación Política contra el Antiguo Régimen, de los liberales hispanoamericanos tanto los de la Constitución de Cádiz como de los libertadores, de los bolcheviques rusos y del PC (b) de la URSS y de los maoístas chinos hasta Xi Jinping, aunque nuestro objetivo es conformar un marxismo propio para nuestra civilización iberófona, que es de raíz cultural, antropológica y sociológica católica , de habla en español y portugués.
Somos herederos de los escolásticos salamantinos y sostenemos que la escolástica católica puede ser integrada en una concepción materialista del mundo. No se trata de “modernizar” la escolástica, ni de construir un “tomismo de izquierda”, sino de reconocer que nuestra propia tradición civilizatoria contiene elementos profundamente racionales, sistemáticos, políticos y realista-materialistas que pueden integrarse en una concepción filosófica paniberista del presente.
No somos incompatibles con la racionalidad católica, sino que representamos su desarrollo más lógico y coherente. Y vemos en ella una fuente que nos permite superar tanto el nihilismo posmoderno como el idealismo ilustrado, y que nos brinda la posibilidad de construir sobre una tradición propia: profundamente racional, profundamente política y profundamente comprometida con el bien común.
Defendemos el internacionalismo proletario, contrario tanto al chovinismo (creencia en la superioridad de la nación política propia) como al cosmopolitismo (negación apátrida de las naciones políticas), pero nuestro ámbito geopolítico de acción prioritario para la construcción de las Vanguardias será el de la Iberofonía, todas las naciones políticas de la Tierra cuyos idiomas oficiales o mayoritarios sean el español y el portugués, únicas lenguas universales mutuamente comprensibles hasta en un 89% de reciprocidad, y que abarcan a 30 naciones políticas de los Cinco Continentes y a casi 800 millones de personas en todo el Planeta. La raíz cultural común de la Iberofonía (sin negar otras raices) es producto de la Reconquista del Reino de Asturias contra el Islam, y después del surgimiento de los Reinos de Castilla y de Portugal del Reino de León en la Edad Media, universalizada a partir de finales del siglo XV durante la Era de los Descubrimientos, y establecida por los Imperios Español y Portugués durante tres siglos, unificados entre 1580 y 1668, y cuyo legado histórico es más que vigente. El español es el segundo idioma más hablado de la Tierra, y el portugués es la principal lengua del Hemisferio Sur del Planeta. Nuestra Iberofonía, aún diversa, obliga a generar Vanguardias en todas las naciones políticas iberófonas sin exclusiones geográficas de ninguna clase. Por tanto, defendemos un Paniberismo Socialista, cuyo fin político es la generación de Vanguardias (cuadros de formación y, luego Partidos de Cuadros) en las treinta naciones políticas de la Iberofonía en América, África, Asia, Oceanía y Europa. Todas las Vanguardias generadas y aceptadas a través de nuestra combinación de organización centralizada (nacional) –descentralizada (internacional)- centralizada (doctrinal), permitirá la influencia recíproca entre todas las Vanguardias generadas, influyéndose y mejorándose mutuamente, respetando la autonomía nacional de todas ellas. La unificación socialista de la Iberofonía es fundamental para influir, desde nuestra revolución, a escala Universal, pues sólo desde una plataforma geopolítica culturalmente coherente y cohesiva es posible actuar hacia la Universalidad.